Oraciones por los Difuntos

Por los que nos precedieron en la fe

Réquiem Aetérnam

Dales, Señor, el descanso eterno. Y brille para ellos la luz perpetua. Descansen en paz. Amén.

Oración litúrgica por los fieles difuntos — Ritual Romano

De Profundis (Salmo 130)

Desde lo hondo a ti grito, Señor; Señor, escucha mi voz; estén tus oídos atentos a la voz de mi súplica. Si llevas cuenta de los delitos, Señor, ¿quién podrá resistir? Pero de ti procede el perdón, y así infundes respeto. Mi alma espera en el Señor, espera en su palabra; mi alma aguarda al Señor, más que el centinela la aurora. Aguarde Israel al Señor, como el centinela la aurora; porque del Señor viene la misericordia, la redención copiosa; y Él redimirá a Israel de todos sus delitos.

Salmo 130 (129) — Sagrada Escritura

Oración por un difunto

Dios, Padre de misericordia y dador de todo consuelo, Tú que amas las almas y perdonas los pecados: te rogamos que por la intercesión de la Bienaventurada siempre Virgen María y de todos los Santos, te dignes recibir en el seno de tu amor el alma de nuestro hermano (nuestra hermana) N., que ha partido de este mundo. Puesto que en Ti creyó y en Ti esperó, concédele la vida eterna y la compañía de tus santos, donde no hay dolor ni llanto, sino paz y gozo con tu Hijo y el Espíritu Santo, por los siglos de los siglos. Amén.

Ritual de Exequias — Liturgia de la Iglesia Católica

Oración de San Agustín por los difuntos

No llores si me amas. Si conocieras el don de Dios y lo que es el cielo. Si pudieras oír el cántico de los ángeles y verme en medio de ellos. Si pudieras ver con tus ojos los horizontes, los campos eternos y los nuevos senderos que atravieso. Si por un instante pudieras contemplar como yo la belleza ante la cual las bellezas palidecen. ¿Cómo, si me amas, no estarías celoso? Créeme: cuando la muerte venga a romper tus ligaduras, como ha roto las que a mí me encadenaban, y cuando, un día que Dios sabe y ha fijado, tu alma venga a este cielo en que te he precedido, ese día volverás a ver a aquel que te amaba y que, al irse, no te ha perdido. Enjuga tus lágrimas y no llores, si me amas.

Atribuida a San Agustín de Hipona (354-430)