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miércoles, 21 de octubre de 2026

Evangelio del día

Feria del Tiempo Ordinario

Propósito del día

Comer sin el móvil: presencia plena, dar gracias por los alimentos.

Evangelio

Evangelio del día

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Fíjense en esto: Si un padre de familia supiera a qué hora va a venir el ladrón, estaría vigilando y no dejaría que se le metiera por un boquete en su casa. Pues también ustedes estén preparados, porque a la hora en que menos lo piensen, vendrá el Hijo del hombre”. Entonces Pedro le preguntó a Jesús: “¿Dices esta parábola sólo por nosotros o por todos?” El Señor le respondió: “Supongan que un administrador, puesto por su amo al frente de la servidumbre con el encargo de repartirles a su tiempo los alimentos, se porta con fidelidad y prudencia. Dichoso ese siervo, si el amo, a su llegada, lo encuentra cumpliendo con su deber. Yo les aseguro que lo pondrá al frente de todo lo que tiene. Pero si ese siervo piensa: ‘Mi amo tardará en llegar’ y empieza a maltratar a los otros siervos y siervas, a comer, a beber y a embriagarse, el día menos pensado y a la hora más inesperada llegará su amo y lo castigará severamente y le hará correr la misma suerte de los desleales. El siervo que conociendo la voluntad de su amo, no haya preparado ni hecho lo que debía, recibirá muchos azotes; pero el que, sin conocerla, haya hecho algo digno de castigo, recibirá pocos. Al que mucho se le da, se le exigirá mucho; y al que mucho se le confía, se le exigirá mucho más. «A quien mucho se le ha dado, mucho se le pedirá; a quien mucho se le ha confiado, mucho más se le pedirá». Jesús dice esto a sus discípulos más cercanos, a quienes estuvieron con Él durante más tiempo. Y nosotros también hemos recibido mucho del camino recorrido hasta ahora; hemos estado con Jesús y con la Iglesia, y aunque la Iglesia es una comunidad con limitaciones humanas, hemos recibido muchísimo. Por eso, Jesús espera mucho de nosotros. Es una señal de confianza, de amistad. Espera mucho porque nos conoce y sabe que podemos. Jesús vino a traer fuego: el fuego del amor de Dios en la tierra y el fuego del deseo en nuestros corazones. En cierto modo, Jesús nos quita la paz si pensamos en la paz como una calma inerte. Sin embargo, esta no es la verdadera paz. A veces deseamos que nos «dejen en paz»: que nadie nos moleste, que los demás dejen de existir. Esa no es la paz de Dios. La paz que Jesús trae es como un fuego y nos exige mucho. Sobre todo, nos pide que tomemos una postura firme. Ante la injusticia, la desigualdad, donde se pisotea la dignidad humana, donde los vulnerables son privados de la voz: alzad la voz. Tener esperanza es alzar la voz. Tener esperanza es comprender en el corazón y demostrar con hechos que las cosas no deben seguir como antes. Este es también el buen fuego del Evangelio. (León XIV - Audiencia General, 22 de noviembre de 2025) (León XIV - Audiencia general, 22 de noviembre de 2025)
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Meditación

Meditación del día

Tened ceñidas vuestras cinturas y las lámparas encendidas, y estad como quienes aguardan a su amo cuando vuelve de las nupcias, para abrirle en cuanto venga y llame, leemos en el Evangelio de la Misa. El tener «ceñida la cintura» es una metáfora basada en las costumbres de los hebreos, y en general de todos los habitantes de Oriente Medio, que ceñían sus amplias vestiduras antes de emprender un viaje para caminar sin dificultad. En el relato del Éxodo se narra la prescripción de Dios a los israelitas de celebrar el sacrificio de la Pascua con la ropa ceñida, las sandalias calzadas y el bastón en la mano, porque iba a comenzar el itinerario hacia la tierra de promisión. Del mismo modo, tener las lámparas encendidas indica la actitud atenta, propia del que espera la llegada de alguien.
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