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viernes, 11 de septiembre de 2026
Evangelio del día
Feria del Tiempo OrdinarioPropósito del día
Comer sin el móvil: presencia plena, dar gracias por los alimentos.
Evangelio
Evangelio del día
En aquel tiempo, Jesús propuso a sus discípulos este ejemplo: “¿Puede acaso un ciego guiar a otro ciego? ¿No caerán los dos en un hoyo? El discípulo no es superior a su maestro; pero cuando termine su aprendizaje, será como su maestro. ¿Por qué ves la paja en el ojo de tu hermano y no la viga que llevas en el tuyo? ¿Cómo te atreves a decirle a tu hermano: ‘Déjame quitarte la paja que llevas en el ojo’, si no adviertes la viga que llevas en el tuyo? ¡Hipócrita! Saca primero la viga que llevas en tu ojo y entonces podrás ver, para sacar la paja del ojo de tu hermano”.
El Evangelio de Lucas nos ha recordado la pregunta de Jesús: «¿Puede un ciego guiar a otro ciego?» (Lc 6:39). El Señor quiere decir que un guía no puede ser ciego; debe ver bien si no quiere arriesgarse a perjudicar a las personas a su cargo. Jesús, por lo tanto, llama la atención de todos aquellos que desempeñan funciones educativas o de liderazgo (...) para que sientan su responsabilidad, se pregunten cuál es el camino correcto y sean los primeros en seguirlo. (...) En el pasaje de hoy encontramos otra frase muy significativa, que nos exhorta a no ser presuntuosos ni hipócritas: «¿Por qué te fijas en la paja en el ojo de tu hermano y no te das cuenta de la viga en el tuyo?» (Lc 6:41). ¡Qué fácil es ver los defectos y pecados de los demás y no ver los nuestros! ¿Y cómo podemos saber si nuestro ojo está libre o si está obstruido por una viga? La prueba está en nuestras acciones. De nuevo, Jesús nos dice: «Cada árbol se conoce por su fruto» (Lc 6:44). El fruto son las acciones, pero también las palabras. (...) En efecto, quien es bueno saca lo bueno de su corazón y de su boca, y quien es malo saca lo malo. (...) Siéntanse responsables y orgullosos de ofrecer un testimonio cristiano capaz de renovar la sociedad interna y externamente. (Juan Pablo II - Homilía en la Santa Misa durante la visita a la parroquia de San Paolo de la Croz en Corviale, 1 de marzo de 1992)
Fuente ↗Meditación
Meditación del día
El Señor nos habla muchas veces del mérito que tiene hasta la más pequeña de nuestras obras, si las realizamos por Él: ni siquiera un vaso de agua ofrecido por Él quedará sin su recompensa. Si somos fieles a Cristo encontraremos un tesoro amontonado en el Cielo por una vida ofrecida día a día al Señor. La vida es en realidad el tiempo para merecer, pues en el Cielo ya no se merece, sino que se goza de la recompensa; tampoco se adquieren méritos en el Purgatorio, donde las almas se purifican de la huella que dejaron sus pecados. Este es el único tiempo para merecer: los días que nos queden aquí en la tierra; quizá, pocos.
En el Evangelio de la Misa de hoy2 nos enseña el Señor que las obras del cristiano han de ser superiores a las de los paganos para obtener esa recompensa sobrenatural.
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