← Volver al archivo
viernes, 4 de septiembre de 2026
Evangelio del día
Feria del Tiempo OrdinarioPropósito del día
Cuidar los detalles de tu aspecto: tu cuerpo es templo del Espíritu.
Evangelio
Evangelio del día
En aquel tiempo, los fariseos y los escribas le preguntaron a Jesús: “¿Por qué los discípulos de Juan ayunan con frecuencia y hacen oración, igual que los discípulos de los fariseos, y los tuyos, en cambio, comen y beben?”
Jesús les contestó: “¿Acaso pueden ustedes obligar a los invitados a una boda a que ayunen, mientras el esposo está con ellos? Vendrá un día en que les quiten al esposo, y entonces sí ayunarán”.
Les dijo también una parábola: “Nadie rompe un vestido nuevo para remendar uno viejo, porque echa a perder el nuevo, y al vestido viejo no le queda el remiendo del nuevo. Nadie echa vino nuevo en odres viejos, porque el vino nuevo revienta los odres y entonces el vino se tira y los odres se echan a perder. El vino nuevo hay que echarlo en odres nuevos y así se conservan el vino y los odres. Y nadie, acabando de beber un vino añejo, acepta uno nuevo, pues dice: ‘El añejo es mejor’”.
Vino nuevo, odres nuevos. La novedad del Evangelio. ¿Qué nos trae el Evangelio? Alegría y novedad. Estos doctores de la ley estaban encerrados en sus mandamientos, en sus prescripciones. San Pablo, hablando de ellos, nos dice que antes de que llegara la fe —es decir, Jesús— todos estábamos prisioneros de la ley. Esta ley de estas personas no era mala: estaban prisioneros, esperando la llegada de la fe. Esa fe que se revelaría en Jesús mismo. (…) Jesús dijo: «No he venido a abolir la ley, sino a llevarla a su plenitud». Y la plenitud de la ley, por ejemplo, son las Bienaventuranzas, la ley del amor, el amor total, como Él —Jesús— nos amó. Y cuando Jesús reprende a estas personas, a estos doctores de la ley, los reprende por no haber protegido al pueblo con la ley, sino por haberlo hecho esclavo de muchas pequeñas leyes, de muchas pequeñas cosas que debían hacerse. (…) San Pablo distingue bien: hijos de la ley e hijos de la fe. Vino nuevo, odres nuevos. Y por esta razón la Iglesia nos pide a todos algunos cambios. Nos pide que dejemos de lado las estructuras perecederas: ¡son inútiles! Y que tomemos odres nuevos, los del Evangelio. No se puede comprender la mentalidad —por ejemplo— de estos doctores de la ley, de estos teólogos fariseos: no se puede comprender su mentalidad con el espíritu del Evangelio. Son cosas distintas. El estilo del Evangelio es un estilo distinto, que lleva la ley a su plenitud. ¡Sí! Pero de una manera nueva: es vino nuevo, en odres nuevos. (Francisco - Homilía de Santa Marta, 5 de septiembre de 2014)
Fuente ↗Meditación
Meditación del día
Estaba Jesús junto al lago de Genesaret con una gran muchedumbre que deseaba oír la Palabra de Dios. Pedro y sus compañeros de trabajo lavaban las redes después de bregar una noche sin pescar nada. Y Jesús, que quiere meterse hondamente en el alma de Simón, le pidió la barca y le rogó que la apartase un poco de tierra. Y, sentado, enseñaba desde la barca a la multitud. Quizá Pedro siguió con la tarea de dejar a punto el aparejo de la pesca mientras escuchaba al Maestro, a quien ya conocía desde que le llevó hasta Él su hermano Andrés; no sospecha los planes tan grandiosos del Señor.
Cuando terminó de hablar, Jesús dijo a Simón: Guía mar adentro, y echad vuestras redes para la pesca. Quizá han terminado de limpiar las redes de las algas y del fango del lago.
Fuente ↗